Mostrando entradas con la etiqueta Comprensión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comprensión. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de marzo de 2014

Spot precioso: Amor de un padre por su hija

El mundo está lleno de pequeñas historias que pueden conmovernos y hacernos pensar. Historias sencillas, cotidianas, pero cargadas de valores; que transmiten entusiasmo y optimismo, que tocan nuestro corazoncito y nos ayudan a ser mejores.

Ésta es una de ellas. Es la campaña que la agencia Fahrenheit DDB y la productora Rebeca, ambas del Perú, han creado y lanzado hace unos días para Promart Homecenter, una empresa que ofrece servicio y productos para la mejora del hogar. De ahí el lema de su campaña: “Tu familia es perfecta, que tu hogar lo sea también”.

La historia gira en torno a la relación de un padre y su hija. Una hija que –no sabemos bien por qué– aparece triste y abatida. Por eso, cuando el padre se le acerca afectuoso, ella le rechaza sin decir una palabra. Pronto sabremos que esconde un secreto. Y ese secreto será la clave para un maravilloso final. Pero, mientras ese final llega, el padre se plantea qué puede estar ocurriendo; y, como conoce a su hija, es capaz de hallar una solución y cambiar su tristeza en alegría.

Esta pequeña historia, titulada “La hija perfecta”, nos enseña que sólo el amor nos permite desentrañar qué hay detrás de los sentimientos de las personas; sobre todo, de las que conviven con nosotros. Sólo el amor encuentra siempre el remedio más oportuno. Quizás por eso, este anuncio debería ser titulado "El padre perfecto".

Que tengáis una feliz semana. Y que todos encontremos, cada uno a su modo, la manera de llevar paz y alegría a nuestros hogares. Así, a pesar de todos los errores, nuestra familia será siempre “La familia perfecta”.

(PD: Lo que ella dice al final es: "Te quiero mucho, papá").

domingo, 26 de enero de 2014

Asamblea en una carpintería (Fábula para salir de la crisis)

Cuentan que en una carpintería hubo una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar diferencias. El martillo ejerció la presidencia, y empezó a dar golpes en la mesa. Entonces, un grupo de herramientas le notificó que tenía que renunciar, ya que se pasaba todo el tiempo haciendo ruidos y dando golpes a los demás.

El martillo aceptó, sonrojado, su culpa, pero pidió que fuera expulsado también el tornillo, argumentando que había que darle demasiadas vueltas para que sirviera de algo.

El tornillo tragó la pulla, pero exigió –a su vez– la expulsión de la lija. Señaló que era áspera en su trato y tenía constantes fricciones con los demás.

Y la lija, enfurruñada, bajó  la cabeza, pero exigió entonces que fuera expulsado el metro, porque era muy puntilloso: siempre estaba midiendo a los demás como si él fuera perfecto.

Iba a responder el metro, lleno de furia, cuando en estas entró el carpintero y todos se quedaron quietos. El carpintero se puso el delantal e inició su tarea. Utilizó el martillo para encajar unas maderas, la lija para suavizarlas, el metro para comprobar sus dimensiones, y el tornillo para sujetar las tablas. Finalmente, la tosca de madera inicial se convirtió en una preciosa mesa de cocina.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, las herramientas se levantaron para apreciar aquella obra de arte. Fue entonces cuando el serrucho dijo:

- Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, y además, que todos conocemos los defectos de los demás; pero el carpintero no se ha fijado en eso: ha trabajado con nuestras cualidades y ha sido capaz de crear este fantástico mueble. Esa forma de trabajar nos ha hecho valiosos. Así que no merece la pena pensar en nuestros fallos y, mucho menos, en los fallos de los demás. Cada uno podría pensar en qué es bueno y en qué son buenos los demás.

La asamblea pudo ver entonces que el martillo es fuerte, que el tornillo une, que la lija pule asperezas y que el metro es preciso. En suma, se vieron como un equipo capaz de producir muebles de calidad.

Por una vez, todos se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos. Y no fue necesario echar a nadie.